Esto lo escribí hace un tiempo. Espero les guste, y que se vuelva realidad muy pronto.
Apenas el equipo robaba el balón, a los seguidores se les acumulaban las emociones y se sentia el apoyo desde las tribunas, reflejados en salvajes cánticos, en gritos ensordecedores. Cada vez que el delantero procuraba rematar al arco, se enredaba en un bosque de piernas rivales y el nerviosismo se volvía a poderar de los hinchas, sintiendo como poco a poco las riendas del juego las tomaba el contrincante. Se iban angustiando, inquietando, pero aún así el aliento al equipo no disminuía, sin importar el mal momento de su escuadra. Sin embargo, era apenas el principio, ya que el partido se trababa en el medio campo. Confiaban en que se retomaría la senda del éxito y del fútbol colectivo, logrando así volver al buen nivel exhibido anteriormente. El equipo sentía el calor de los hinchas. El estadio era una caldera y los gritos de sus seguidores los animaban a dejar la vida en la cancha, tal como ellos lo hacen por su equipo en el tablón.
El tiempo avanzaba y el marcador seguía en cero. El temor de una derrota estaba latente en el corazón de los fanaticos, pero se negaban a aceptarla, puesto que confiaban plenamente en sus jugadores y en que no los defraudarían. De la nada salió el favorito de la barra, aquél que nunca los desilucionó, el mismo que moriría por esta camiseta. Se acercó peligrosamente al arco rival y por fin lo que todos esperaban. ¡Gooooooooooooooooooooool! ¡Gooooooooooooooolazooooooo! Extasiados por la alegria que les produjho la conquista de su idolo, el estadio estalló en cantos y abrazos. El sueño estaba cerca. Quedaba poco tiempo y pronto sonaría el pitazo final que los coronaría como campeones de America.

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